2. julio 2026
Melasma: por qué aparece y por qué vuelve una y otra vez
Escrito por la Dra. Marta Moratinos · Dermatóloga
Última revisión científica: 2 de julio de 2026
"Doctora, este verano ni siquiera he tomado el sol."
"Siempre llevo protector solar."
"Yo no soy de tumbarme en la playa."
"¿Por qué me siguen saliendo manchas?"
Son frases que escucho prácticamente todas las semanas en la consulta.
Y entiendo perfectamente la frustración. Muchas personas sienten que hacen todo lo posible por cuidar su piel y, aun así, cada verano las manchas vuelven a aparecer o se hacen más intensas.
La realidad es que el melasma es mucho más complejo de lo que parece. No es una simple mancha producida por el sol ni desaparece con una crema milagrosa.
Hoy sabemos que intervienen la genética, las hormonas, la radiación solar, la luz visible, el calor e incluso cambios inflamatorios y vasculares de la propia piel.
Comprender cómo funciona es el primer paso para tratarlo correctamente.

El melasma no es una mancha cualquiera
Cuando hablamos de melasma nos referimos a una enfermedad crónica de la pigmentación.
Los melanocitos, las células que producen la melanina, responden de forma exagerada a determinados estímulos y fabrican más pigmento del necesario.
Por eso aparecen esas manchas marrones, generalmente simétricas, en la frente, las mejillas, el labio superior o el mentón.
A diferencia de un léntigo solar, el melasma no consiste únicamente en un exceso de pigmento localizado. Es una alteración mucho más compleja de toda la piel.
Precisamente por eso su tratamiento también debe ser diferente.
Entonces… ¿por qué aparece?
No existe una única causa.
Normalmente se combinan varios factores en una persona con predisposición.
La genética
Muchas pacientes me cuentan que su madre o su abuela también tenían manchas parecidas.
No es casualidad.
Existe un componente hereditario importante que hace que determinadas personas sean mucho más propensas a desarrollar melasma.
Las hormonas
El embarazo, los anticonceptivos hormonales o algunos tratamientos hormonales pueden actuar como desencadenantes.
No en todas las mujeres ocurre, pero cuando existe predisposición, estos cambios hormonales pueden favorecer que aparezca el melasma o empeore el que ya existía.
El sol sigue siendo el gran protagonista…
…pero no es el único.
Durante años pensamos que el problema era exclusivamente la radiación ultravioleta.
Hoy sabemos que también influyen:
- la luz visible,
- la radiación infrarroja,
- y el calor.
Y esto explica muchas cosas que los pacientes me cuentan en consulta.
"Pero yo este verano no he tomado el sol"
Probablemente sea la frase que más escucho cuando hablamos de manchas.
Muchos pacientes asocian el daño solar únicamente a estar tumbados en una hamaca durante horas.
Sin embargo, la piel recibe radiación siempre que está expuesta al exterior.
Pasear por la playa, caminar por la ciudad, hacer deporte al aire libre, conducir o tomar un café en una terraza también supone exposición solar.
Hay una comparación que suelo hacer en consulta y que ayuda a entenderlo muy bien.
El Sol está aproximadamente a 150 millones de kilómetros de la Tierra.
Desde esa distancia, que nosotros estemos caminando unos metros por la playa o tumbados en una toalla es prácticamente irrelevante.
Lo que realmente importa es que la piel esté expuesta.
Por eso dos personas pueden recibir una cantidad de radiación muy parecida aunque una diga que "no ha tomado el sol".
No es tanto la postura como el tiempo de exposición y, sobre todo, las medidas de protección que utilizamos.
La piel tiene memoria
Otra idea importante es que el daño solar es acumulativo.
Muchas personas me dicen:
"Pero llevo años protegiéndome muchísimo."
Y probablemente sea cierto.
Sin embargo, la piel recuerda toda la radiación recibida durante años.
Ese daño acumulado modifica el comportamiento de los melanocitos y hace que sigan respondiendo con facilidad a nuevos estímulos.
Esto no significa que el protector solar no funcione.
Todo lo contrario.
La fotoprotección diaria es la herramienta más eficaz que tenemos para evitar que el melasma siga empeorando.

El melasma no es solo pigmento
Este es uno de los aspectos que más ha cambiado en los últimos años.
Cuando estudié Dermatología, el melasma se explicaba casi exclusivamente como un problema de exceso de melanina.
Hoy sabemos que eso es solo una parte de la historia.
Las biopsias y los estudios más recientes han demostrado que, debajo del melasma, también existe un aumento de pequeños vasos sanguíneos y una mayor actividad inflamatoria.
Es decir, el melasma también tiene un componente vascular.
Cuando la piel se expone al sol o al calor, se activa una cascada inflamatoria que favorece la liberación de sustancias derivadas del ácido araquidónico.
Estas moléculas estimulan indirectamente a los melanocitos para producir todavía más melanina.
Además, en el melasma se ha observado un aumento del VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular), una proteína que favorece la formación de nuevos vasos sanguíneos y que parece contribuir a mantener activa la enfermedad.
Este descubrimiento ha cambiado nuestra forma de tratar el melasma.
¿Por qué funciona el ácido tranexámico?
Muchos pacientes conocen el ácido tranexámico porque han leído sobre él o porque alguien se lo ha recomendado.
Lo que pocas personas saben es por qué funciona.
El ácido tranexámico no actúa únicamente sobre el pigmento.
Al inhibir la activación del plasminógeno, disminuye la liberación de mediadores inflamatorios derivados del ácido araquidónico y reduce la expresión de VEGF.
Dicho de una forma más sencilla: disminuye parte de las señales que mantienen activos tanto la inflamación como los melanocitos.
Por eso, en pacientes seleccionados, puede convertirse en un gran aliado para controlar el melasma.
Eso sí, no está indicado para todo el mundo y siempre debe ser un dermatólogo quien valore si es una opción adecuada y la vía de administración más conveniente.
Entonces… ¿por qué vuelve después del tratamiento?
Porque el tratamiento elimina o reduce las consecuencias del problema, pero no la predisposición de la piel.
Si vuelven a actuar los desencadenantes —sol, calor, hormonas o luz visible— los melanocitos pueden reactivarse.
Por eso siempre explico a mis pacientes que el objetivo no es únicamente quitar las manchas.
El verdadero objetivo es mantener la piel estable durante años.
Igual que ocurre con la rosácea o con el acné, hablamos de una enfermedad crónica que necesita mantenimiento.
¿Se puede controlar?
Afortunadamente, sí.
Hoy disponemos de tratamientos mucho más eficaces que hace unos años.
La clave está en combinar distintas estrategias según cada paciente:
- Fotoprotección diaria frente a radiación ultravioleta y luz visible.
- Tratamientos despigmentantes personalizados.
- Ácido tranexámico cuando está indicado.
- Procedimientos médicos seleccionados, evitando aquellos que puedan empeorar el melasma.
- Tratamiento de mantenimiento para prevenir recaídas.
No existe una solución universal.
Lo que funciona muy bien en una persona puede no ser la mejor opción para otra.
Por eso el tratamiento siempre debe individualizarse.
El primer paso siempre es saber qué tipo de mancha tienes
No todas las manchas marrones de la cara son un melasma.
Y esta es una de las razones por las que insisto tanto en que el diagnóstico es importante.
En consulta utilizamos herramientas como la dermatoscopia y, cuando es necesario, la luz de Wood para orientar el diagnóstico y decidir cuál es el tratamiento más adecuado.
Intentar tratar una mancha sin saber exactamente qué es puede hacer que el tratamiento no funcione e incluso empeore la pigmentación.
En consulta siempre les digo lo mismo…
El melasma no aparece porque un verano hayas hecho algo mal.
Es el resultado de muchos años de exposición solar, de una predisposición genética y de una piel especialmente sensible a determinados estímulos.
La buena noticia es que hoy entendemos mucho mejor esta enfermedad que hace una década.
Y cuanto mejor comprendemos por qué aparece, mejores herramientas tenemos para controlarla.
Porque el objetivo no es simplemente aclarar una mancha.
Es conseguir que tu piel permanezca estable a largo plazo.
¿Te han aparecido manchas en la cara o notas que vuelven cada verano?
En Clínica DermaMoratinos estudiamos cada caso de forma individual para identificar el tipo de mancha y diseñar un tratamiento personalizado. Un diagnóstico preciso es la base para obtener buenos resultados y evitar tratamientos que no solo sean ineficaces, sino que puedan empeorar el problema. Si quieres valorar tu caso, estaremos encantados de ayudarte.
Sobre la autora
Dra. Marta Moratinos
Dermatóloga y directora médica de Clínica DermaMoratinos.
En este blog comparto las preguntas que con más frecuencia me hacen mis pacientes en consulta y las respondo con un lenguaje claro, sin perder el rigor científico.
